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Caza y pescaLos latidos de la vida
Para los quebequenses, herederos de una naturaleza tan rica, cazar y pescar no son sólo deportes, sino una ocasión extraordinaria de volver a sus orígenes y a la esencia de su tierra. Los cotos de caza y pesca, llamados en Quebec pourvoiries, ofrecen ofrecen a cazadores y pescadores alojamiento, material, guías y orientación para la caza de grandes cérvidos, osos negros y otras especies y para la pesca de los combativos peces que abundan en nuestros bosques, lagos y ríos.
La caza del ciervo en Anticosti Una isla pletórica de caza
La caída de las hojas o la aparición de los primeros colores en el bosque no constituyen los únicos signos que anuncian la llegada del otoño en Anticosti, inmensa isla situada en el golfo del San Lorenzo. La apertura de la temporada de caza del ciervo de Virginia anuncia el comienzo de la estación más activa en este paraíso natural. Hay una gran febrilidad en los meses de septiembre a noviembre y hasta diciembre. Miles de cazadores de Quebec, Canadá, Estados Unidos y hasta de Europa se dan cita en esta isla. El ciervo es astuto e inteligente, y exige a su perseguidor una cantidad de trabajo considerable, de manera que se entra en el bosque al amanecer para salir sólo al anochecer. Durante todo este periodo, cazadores y presas (ciervo, alce, aves de caza, caza menor) comparten un entorno excepcional por todas sus maravillas naturales y sus particularidades espectaculares. Cada cazador tiene derecho normalmente a dos presas y su porcentaje de éxito suele acercarse al 90%. Las grandes pourvoiries (cotos de caza y pesca) que se reparten este fabuloso territorio de caza (120 000 ciervos, la mayor densidad en América del Norte) ofrecen estadías que incluyen el transporte aéreo y servicios completos, con una atención profesional, preparación de las presas y posibilidad de alojamiento en chalés, en campamento o en posada. Los chalés rústicos en los que se alojan los cazadores en este vasto paraíso de 7 940 km2 ofrecen comodidad y un atento servicio, respetando así una larga tradición establecida por el rico fabricante de chocolate francés Henri Menier, antiguo propietario de la isla que introdujo el ciervo a finales del siglo XIX. Los guías, que constituyen una raza aparte en la isla, velarán por el éxito de cada cazador, poniendo su experiencia, buen juicio y extraordinario conocimiento del terreno y de los animales a su disposición.
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