La temporada del jarabe de arce

¡Llegó la primavera! Los días se alargan y el sol calienta cada vez más. La nieve se derrite, los árboles comenzarán pronto a mostrar sus primeras hojas y las aves migratorias no tardarán en surcar el cielo. La savia sube suavemente por el tronco de los arces al ritmo del deshielo.
Es el ritual de la primavera en Quebec. Desde que la luna se muestra favorable o llega el viento del suroeste, los productores de jarabe de arce perforan la corteza de los arces para recoger un agua ligeramente azucarada que se transforma, después de llevarla a ebullición, en un jarabe con un aroma muy delicado.
En la cabaña de azúcar
Inspirándose de los amerindios, que utilizaban este jarabe para cocinar la carne de caza, los pioneros franceses hicieron de este jarabe la base de sabrosos platos preparados en el fuego. Hoy en día, niños y adultos se vuelven locos por estos platos que forman parte de las abundantes comidas que se sirven en las cabañas de azúcar: sopa de guisantes, habas con tocino, jamón con jarabe, chicharrones, tortillas y, de postre, tarta de azúcar, crepas y grands-pères (bolas de pasta cocinadas en el jarabe), seguidos por el tradicional caramelo de arce en la nieve.
Antes de transformarla, la savia cae gota a gota del árbol por cañitos a los que en el pasado se colgaban pequeños baldes que recogían la savia; el contenido de estos baldes se vertía regularmente en barriles tirados por caballos. En la actualidad, con los cambios tecnológicos, en muchos casos se utiliza una ingeniosa red de tuberías que conecta los cañitos a una bomba y envía por presión al vacío la savia al evaporador. A este precioso néctar no se agrega nada y sólo se deja que el agua se evapore. Hacen falta aproximadamente 40 litros de savia para producir un litro de jarabe puro, apreciado por su sabor, color y transparencia.
En las cercanías de las grandes ciudades existen unos arcedos que, además de hervir la savia de arce, ofrecen al visitante sus platos típicos. En un buen número de cabañas de azúcar, disimuladas en el sotobosque, se intenta recrear el ambiente del pasado. En estos lugares reina un verdadero ambiente de fiesta, con música, canciones y bailes populares.
Es la temporada ideal para dar un paseo en trineo, una caminata en el bosque, o participar en diversos festivales, como el festival de Saint-Georges, en Beauce.
¡Si le gusta el dulce, no olvidará el jarabe de arce de Quebec!





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